IRÁN-ESP: Con el VAR se acabó la poesía | Rusia 2018
Por Por Francisco Romero Herrero
Por Por Francisco Romero Herrero
Carlos «El Pibe» Valderrama: una revista de poesía.
Erwin «El Platini» Sánchez y Marco «El Diablo» Etceverri: referencias obligatorias cuando hablo con un boliviano.
Lectura rápida. Luego de los cinco goles en el Monumental de Buenos Aires, los pronósticos situaban a Colombia como semifinalista en U.S.A 94. Durante el primer partido Hagi metió un gol bellísimo a una distancia de 40 metros de la portería y Rumania los venció 3 a 1.
En el segundo encuentro los anfitriones, los eliminaron del torneo. El autogol del defensor Andrés Escobar le costó la vida. Apuestas, sicarios, impunidad.
Lectura rápida. El autogol del polaco Thiago Cionek es casi idéntico al de Escobar. Esperemos no existan consecuencias parecidas.
Envío el prólogo del libro de poesía del colombiano Javier Moro. Lectura rápida. Escribir algunas cuartillas en poco tiempo sobre el trabajo que le tomó a otra persona varios años. Detenerse en algunas palabras y observarlas. Cambiar el orden de los textos y averiguar qué sucede. Intentar descubrir la estructura, los mecanismos de los versos. Saber que algo falta, que esa lectura rápida no es suficiente.
Tzrianda y yo jugamos como porteros en cuatro partidos. La regla es no soltarse de las manos. Solo encajamos un gol y eso en la final. Recibimos un trofeo de plástico y felicitaciones. Cada uno hizo tres atajadas pero las de ellas fueron en la línea y en los minutos finales. Pienso en aquella frase del belga Jean Marie Pfaff: «Todos los goles que me anotaron eran imparables.»
En el transporte una muchacha narra su vida familiar. En una casa de dos pisos viven 48 personas. Anécdotas donde un grupo de primos se fracturan, se abollan el cráneo. Recuerdo esas líneas de Pound:
¡Oh, qué asqueroso resulta
ver tres generaciones reunidas bajo un mismo techo!
Un viejo árbol con retoños
y algunas ramas podridas cayendo.
Salgan y desafíen las opiniones,
vayan contra ese cautiverio vegetal de la sangre.
Vayan contra todas las clases de manos muertas.
Me cruzo con unos tíos en la calle y no nos saludamos. Un amigo me muestra algunas fotografías y me asegura que una de las mujeres que aparecen es mi prima. No la reconozco. Él pronuncia los apellidos. Coinciden pero eso en una ciudad de 25 millones de personas no es ninguna garantía.
La teoría sueca del amor. En las ciudades nórdicas una persona puede pasar más de un año muerta sin que nadie lo note. Las personas no tienen interacciones sociales: las compras, los pagos, el trabajo se hacen desde la computadora. No hay amistad, ni amoríos, las relaciones familiares se pierden desde la adolescencia. Algunos suecos radicales se congregan en los bosques para hablar y tocarse, unos verdaderos desestabilizadores sociales.
Por Rok Alcántara /fotografía Andrés Margolles