México y el mundial 2026, y una perla
Rosalia, y no Shakira. México y su karma.
campo de minas
para mi sensibilidad
SON LAS 12 DEL DÍA, del 11 de junio del 2026. En la retransmisión de la inauguración y del partido, están los comentaristas de Telemundo: Zamorano, Jimmy Lozano y Carlos Salcido. En una hora comienza la inauguración, y en tres el partido, otra vez, México vs Sudáfrica. Hablo con mi hermano, se va a casa de mi padre a verlo. En México están como locos, como en todos lados, supongo. Al menos en Somalia sí que están así, tremenda recepción que hicieron al mejor arbitro africano en 2025, a quien retacharon en la aduana de algún aeropuerto estadounidense y que fue recibido como héroe. Una locura, todo es una locura. Sale Guardado en el pasto del Azteca. El que sé que saldrá seguro es Johan Vázquez, del Genoa. El único que realmente debe jugar.
Recuerdo a Fransua (Ochoa) y sus seis mundiales, como Messi, como Ronaldo, pero en la portería. Veremos los partidos en casa; en el backyard de un alemán (tremenda casa); en el Trinity, un pub irlandés, donde se junta la parroquia futbolera de New Haven; y en alguna terraza con cervezas a precio normal, pero sin baño. ¿Qué haces en verano?, me pregunta Vilma. Ay, criatura.
Iremos algún día a la fan zone de Brian Park, en Nueva York. Sigo viendo los precios de los boletos. ¡Ay! Un ecuatoriano de la oficina pagó 700 dólares por el Ecuador-Alemania en el MetLife. Otro, cruzazulino, se volvió a Ciudad de México por unos días, solo para el partido inaugural, pero sin entradas al estadio. Blas hará lo de siempre, un road-trip Madrid, Nueva York, Ciudad de México, Monterrey, Miami, Jacksonville. Atlanta, Nashville, St. Louis. Kansas, pasa por medio oeste de vuelta a Atlanta y subir hasta la final, de vuelta a Nueva York.
Viví el México 86 con 9 anitos. Me acuerdo de la obsesión de mi padre con Hugo Sanchez. Me acuerdo del gol de media tijera de Manuel Negrete. Recuerdo no tener clase y la profa poner la radio. No escuchaba la transmisión, pero se sentía la tensión.
Kansas City tiene a una peruano y un italiano pendiente del futbol. Costa Rica, a una tica futbolera, orgullosa de su Keylor Navas en Pumas, pero sin mundial. Los meto a todos en un grupo de WhatsApp, a rajar. Frantuches por todos lados, españoles sacando pecho, se siente el grito de Iniesta en aire. Arancha, española, pregunta: ¿A qué hora dijiste que comienza el partido? ¿Y a qué hora acaba? Contesto. Me dice que los boletos de Rosalía están bien, pero es en Boston, entre semana. Compra, grito emocionado. Compra.
Sale Guti, y el Maxi Rodriguez. Hijo de la chingada, ese gol a México. Recuerdo a Lavolpe, y su selección mexicana como la mejor que ha habido, hasta Pep, sí Guardiola lo decía. Ahora y siempre, el Vasco Aguirre (ya van tres), que le dio tremenda colleja a Negrete después del gol de tijera. Marquez, Rafa Márquez como entrenador de México para España, Portugal y Marruecos 2030.
Sale el Azteca, se acerca la hora. Sale un anuncio de Tequila CasaAmigos. Cabrón el George Clooney, dueño del tequila, se está forrando. Bueno, contesta Arancha, es el karma. Explícate, le digo. Sufren con el tequila como yo sufro con los churros y las porras. Son españoles, no mexicanos.
Cuanta violencia, contesto, te pareces al Rudiger.
¿Es el más malo?, pregunta ella.
No, el malísimo es Mourinho, contesto. Guti diciendo tonterías en la transmisión.
Pues yo soy ese, dice Arancha. Tenemos boletos para Rosalía. Hay que salir a las 4 de la tarde. Hoy.
What the fuck, Arancha!, le digo en English. Lila Downs, Mana, Los Ángeles Azules, Belinda, Shakira. No Rosalía. !Eres una perla!
Pero agüito. Mientras la gente sepa que el tequila es mexicano, callo. Mientras el Azteca sea mundialista, apechugo. Mientras México juegue los mundiales, aunque sea solo el inaugural, hago tripas corazón. Ya me dirán en el WhatsApp como terminó todo. ~

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