Se aceptan cuerpos | blog vozed

Atentamente, las costas de Oaxaca. O mi primera vez en una playa nudista.

No es de sorprender que en las playas haya menos juicios acerca de la forma en que uno se viste y qué cantidad de tatuajes tiene. La existencia de las perforaciones tiene a todo el mundo completamente sin cuidado. Sin embargo, el cuerpo en la playa está más evidenciado que nunca, e ir a una costa es estar en un lugar que no representa necesariamente lo cómodo. Tiene implicado en general ponerse la menor cantidad de ropa posible por el clima y la ubicación geográfica.  Pero no se puede no tener conciencia del cuerpo si uno está en la playa. No es noticia que la gran mayoría de las personas (me incluyo), no están a gusto con su cuerpo. Y se evidencia más cuando llega la hora de ponerse el bikini o el traje de baño que va a descubrir gran parte del cuerpo y salir a caminar en alguna parodia mexicana de Baywatch.

Yo no creí poder nunca. Me tomó años dejar de echarme la culpa y entender que, tristemente, mi cuerpo dejó de pertenecerme cuando entré a la pubertad. Un grupo de personas (en su mayoría jóvenes varones) eran los encargados de decidir si mi físico era o no aceptable. Me robaron mi cuerpo: lo mutilaron, pintaron, consumieron, ridiculizaron, exhibieron y terminaron destruyéndolo. ¿Cómo te dejaste? No, no me dejé. Ellos sufrieron como yo una destrucción del cuerpo: quizás no tan barbárica, pero tuvieron que ver como una sociedad monstruosa tomaba sus cuerpos y les engrapaba fotografías poco realistas sobre los ojos, tanto de hombres como de mujeres. Ellos no eran perfectos, y no sabían que la perfección no puede existir. No puede existir y menos cuando hay tal pluralidad de cuerpos y de colores en éste mundo. Quisieron venderme mi cuerpo destruido después de tanto tiempo, y yo lo volví a hacer mío después de un revelador viaje a la playa. A Zipolite, específicamente.

Llegar a Zipolite y ver a la gente, que yo hubiera calificado como «gorda» o como «fea», desnuda y lavándose las penas en el mar me inspiró a ponerme ese bikini infernal para luego dejarlo de lado con todo y juicio. Me permití sentir mi físico como es: fuerte y funcional, bello. Mío.

Zipolite es, para la gente que no la conoce, la única playa nudista en México. Ubicada entre Puerto Ángel y San Augustinillo. Ustedes podrían pensar que para desnudarse uno debe de tener un cuerpo perfecto o cuasi-perfecto. ¿Según quién? ¿Quién tiene la autoridad para sentarse en un curul y dictaminar qué cuerpo es bueno? La realidad es la siguiente: Yo solita dictamino si mi cuerpo es bueno. Es mío, me pertenece. Sin embargo, no es tan fácil como para plasmarlo en pluma y dejarlo ahí. Es un proceso milenario y arraigado: mi cuerpo primero me deja de pertenecer, y cuando lo logro vislumbrar me lleno en el espejo, me lleno de rabia. ¿Lo peor? Me enfurezco conmigo misma.

Yo no tengo la culpa.

Yo no tengo absolutamente nada que ver con una sociedad que condena a las demás personas a ser carceleros. En mi caso, fueron mis padres.

«Querida, estás gordita.»

«¿Estar gordita me hace mala?»

Silencio. Silencio que otorgó. Mis padres tenían que lidiar con el dolor de tener una hija pasada de peso.

Asco. La palabra usada para describir un síntoma de gastritis me perseguía. «Qué asco.» Yo provocaba asco. A los demás y a mi misma.

Llegar a Zipolite y ver a la gente, que yo hubiera calificado como «gorda» o como «fea», desnuda y lavándose las penas en el mar me inspiró a ponerme ese bikini infernal para luego dejarlo de lado con todo y juicio. Me permití sentir mi físico como es: fuerte y funcional, bello. Mío. Es mío. Puedo caminar, correr y escalar, practicar rugby, yoga y box. Puedo reír, llorar, bailar, saltar. Y sí, se me mueve todo. Y no, no me importa.

 

Cualquier cantidad de gente caminando por la arena como llegaron al mundo es una imagen fuerte de percibir la primera o segunda vez que uno se asoma al lugar. Sin embargo, yo soy de la idea que los juicios se lavan en cuanto el cuerpo de uno toca el agua. Es asombroso. No nada más se aprende a amar el cuerpo de uno, sino a aceptar que otra persona ama su cuerpo aunque su cuerpo no te guste a tí.

Dejar el bikini de lado y darme un chapuzón en esa magia de aceptarme ha sido una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida.~