La bañera

Un poema de Benoit Toqué, traducción de Diego Martínez

ÉL NO SUEÑA. Nunca. Él nunca tiene sueños. Y si acaso los tiene: no los recuerda. Eso : no los recuerda. Excepto. Cuando duerme en una bañera. Cuando él duerme en una bañera: ahí sí: él sueña. Él se recuerda. Aunque igual tampoco tanto, aunque un poquito sí.
Pero en su casa no hay bañera.

En su casa no hay bañera, y eso sí que es un problema. Un verdadero problema. Él quiere soñar, Aedo, quiere soñar, le gustaría tanto, e incluso, eso de soñar: él lo sueña despierto.

despierto porque no sabe hacerlo

no sabe

no puede

hacerlo de otra manera

no sabe hacerlo

de otra manera

de otra manera que despierto, eso de soñar.

entonces, entonces,

de otra manera que despierto: ni en sueños.

Aedo quiere soñar, le gustaría tanto, e incluso, incluso. Pero sin la bañera, ni en sueños. Ni en sueños, de hecho, y bueno, como en su casa no hay bañera : pues él va y busca en otras casas. Cuando hacen una fiesta, por ejemplo. Sobre todo cuando hacen una, de hecho, porque si no la hacen no es nada normal pedir algo así. ¿Puedo dormir en tu bañera? ¿puedo? venga, porfa, di que sí. Sin una fiesta pedir algo así no es nada normal.

Una vez un amigo que tenía una bañera hizo una fiesta en su apartamento durante toda una semana, había colegas que venían, algunos sólo pasaban pero otros se quedaban varios días de corrido, otros un solo día y luego se marchaban, aunque a veces algunos de ellos volvían, y luego otros, otros que se habían quedado más de un día y otros que incluso pegaban las noches y los días. Pues bien, llegado el momento estos también se marchaban. Aunque también pasaba que volvían.

Todos los días había algo nuevo, aún si todos se parecían.

Las tardes igual. La noche,
lo mismo.

Él se las había arreglado para quedarse con la bañera, durante, joder, no : mientras. Mientras duraron las fiestas. Eso: se las había arreglado. Toda una semana, soñó a sus anchas. Pero al séptimo día, su amigo quiso bañarse al alba y lo echó.

Otro día fue a visitar a su madre que vivía en el campo, Aedo, y que tenía una casa con un baño, pero debió de equivocarse, o fue que su madre había hecho remodelaciones desde su última visita. Ella debió de haber remodelado el baño, porque en lugar de una bañera ahora había una ducha.

O fue él quien se equivocó de casa. O de madre. Es difícil saberlo.

Fue a dar una vuelta al pueblo, por curiosidad. Era un día de feria, y compró una manzana. Que mordió allí mismo. Y sales de baño, que guardó en su mochila.

Que tragó de un solo golpe.

5 segundos de sueño como mucho. Y a flotar con eso.

Después vagabundeó un poco por el pueblo. No había mucha gente.

Sin muchedumbre, tampoco baño de pueblo posible.

Fue a caer en la sala de fiestas, y se acercó para ver. Afuera había algunos jóvenes que fumaban cigarrillos, pero ninguna fiesta. De ningún tipo.

Ni siquiera una cerveza.

Ni siquiera una onza de puta música.

De regreso en la plaza, caía ya la noche. Los puestos de la feria habían sido desmantelados y pronto la noche le bañaría el rostro, a Aedo.

Entonces descendió por la colina donde estaba la casa y fue a dormir bajo el puente sobre el río, en su lecho. Pero el agua del río no era estable. Fluía.

Imposible descansar.

Cuando despertó en la mañana, con la lluvia. No era un sueño: cierto que era su río, su colina, su casa y su madre. Pero adentro no había ninguna bañera. En su lugar había una ducha.

Después de haber tomado una de esas se fue a casa de su abuelita.

Habían echado abajo la casa y su abuelita estaba muerta.

Levantó la alfombra de la entrada para ver. Hasta las persianas estaban cerradas. Mientras tanto, volvió a casa de su madre. No había nada para ver. Su madre había cerrado con llave y se había largado.

Entonces chupó algunas sales de baño, las últimas. Delante de la puerta. Las que había guardado en los bolsillos de sus vaqueros.

Una ciudad termal. Pero con hongos.

Un sueño de 5 segundos.

Ningún baño público posible.

Tampoco era para tanto, de manera que se fue.

Bueno, de vez en cuando lograba dormir en bañeras, igual.

Había estado de fiesta en casa de una chica, una noche. Ella tenía una bañera. Y era linda.

Él se había dicho, joder, si es la mujer de mi vida, Aedo.

Ella tenía una bañera.

Pero a fuerza de follar y follar cada vez que se veían, y aunque también habían follado en la bañera, tampoco iba a decirle luego, oye, escucha, ¿no te molesta si me quedo a dormir en la bañera? No podía decirle eso, eso quedaría raro, y tampoco podía correr el riesgo de perder la bañera por tan poco. Además de que la chica era linda. Toda de mármol, con grifería.

De vez en cuando iba y tomaba una ducha, pero ella jamás lo dejaba tranquilo mucho tiempo.

Siestas de 5 minutos máximo.

Ningún sueño serio posible.
Y aún a mitad de la noche, cuando ella dormía y él intentaba escapar discretamente de la cama para meterse en la bañera, pero como tenía que atravesar a oscuras la cocina siempre pasaba que tumbaba algo, y ella se despertaba y, oye, ¿qué haces? Oye, y otra vez a follar.

Así hasta que un día que estaban follando en la bañera él le encajó en la boca el grifo extensible de la ducha y la ahogó. Sin ruidos, apenas algunas burbujas y nada más.

Pero era linda.

Antes de estar muerta.

Antes de estar muerta ella era linda.

Antes de estar muerta. Como su abuelita. Que ya no estaba.

Como su mamá.

Muy bonita.

Entonces se puso triste.

Le costó un mundo encajar el cuerpo de la chica muerta debajo de la cama y tratar de soñar un poco, seriamente, pero en la bañera sólo tuvo pesadillas, oye, ¿qué haces? Oye, y tuvo que largarse de allí.~

 

Este texto apareció originalmente en las redes sociales, en francés, en un par de estas revistas y en un video:


 

Nota biográfica del traductor: Diego Martínez nació en Caracas, Venezuela (1982). Licenciado en Literatura Francesa en la Université Paris 8, también participó en la primera promoción de la maestría en Escritura Creativa por la misma Universidad. Es cuentista y traductor, y sus trabajos han sido publicados en diversos medios impresos y digitales tales como: Visor Literaria, Viceversa-mag, EspacioLuke, Hermanocerdo, Babab.com, etc. Su cuento La vida sexual y triste fue incluido en la publicación del libro Premio de Cuento Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores 2013-2014 después de haber recibido una mención honorífica. Actualmente vive y escribe en Buenos Aires, y administra el blog de cuentos www.eltercermundo.net