H. está ¿desaparecido?

BIEN PODEMOS DECIR que estas historias se basan en hechos reales, pero eso ahora importa una mierda. No sé nada de Humberto desde que, nada más regresar de un año sabático en el que viajó por bastantes países, me hizo llegar estas historias. Muchas las publicó en una red social que nadie siguió, otras en un blog que tampoco nadie leía, y otras no han visto la luz hasta este momento.

Yo –y mucha gente– lo envidiamos porque tuvo los huevos de aparcar su vida acomodada y, aparentemente, bastante agradable para dejarlo todo e irse un año de viaje. Él bautizó ese año con el hasgtag #1año1mundo1vuelta, y cuando regresó parecía que todo volvía al curso anterior: tendría su trabajo de [oficinista], su pequeño piso para acomodarse y tendría su vida burguesa en Madrid. Pero ha desaparecido. No sé dónde está desde que regresó.

Me mandó sus textos para que hiciera lo que yo quisiera con ellos. Según nuestra amistad y lo que lo conozco, creo que quería que quemara estos folios. No dio instrucciones, y [no ha vuelto a dar señales de vida]. Está claro que no lo hice: quemar estas historias. No sé si realmente son autobiográficas, basándose en su viaje y su vida, o si, variando un 2% los acontecimientos, es pura ficción. Yo creo que es ficción, y que H., el personaje central, no es Humberto, sino Homo officinus. H. somos todos los hombres y mujeres que trabajamos en una oficina y que vestimos de negro por absurdos reglamentos de comportamiento de negocios y que de alguna forma, si hubiéramos hecho ese viaje que él hizo, habríamos reaccionado de forma muy parecida a él. O no. Seamos sinceros: ¿quién lo ha dejado todo para irse por ahí, un año?

Pocos, muy pocos. Y por eso mi infinita envidia, de la mala. ¡Qué huevos tuvo!, y me sorprende encontrar entre estos textos algunas [indicaciones de cómo hacer para mandarlo todo a la mierda…] algunos pasos de cómo poder dejarlo todo e irnos. Con esto, estos textos son una historia, una inspiración, para dejar de ser un Godínez, como se llama a los oficinistas en México. Ideas para dejar de ser hombres trajeados, grises, tristes, entregados a la cárcel de la oficina y las corporaciones, amarrados a los distados tiranos los jefes –que no son sino otros Homo officinus igual que nosotros pero con mayor nivel de frustración; y para vivir a través de él los colores del mar y las playas paradisíacas, safaris en busca de animales salvajes o, simplemente, soñar lo que haríamos si nuestro único objetivo fuera conocer, sin más.

Estoy un poco (un huevo) preocupado porque no puedo encontrar a Humberto. Si de alguna forma el email que me envió puede ayudar (ver imagen) a saber si lo dejó todo y está en una playa paradisiaca; si se resignó y está medio muerto en la oficina, sepultado por un millón de papeles que no lo dejan ver la luz del sol ni contestar a mis llamadas; o si directamente está… desapareció y nadie sabe nada él. No, no sé dónde está Humberto, pero gracias a él he encontrado a H., y con él, a mi alma aventurera. El primer paso puede no ser mandarlo todo a la mierda, sino leer estas notas de algo así como… una confesión. A la gente que le importa, ojala logren entender algo y me informen, o simplemente me ayuden a encontrarlo.

Para terminar, dejó una nota y un manuscrito adjunto vía email:

Alexander, te dejo algunos apuntes de lo que me está pasando. Estoy hasta los huevos de todo y de todos. Sufro en la oficina y me quiero ir, a donde sea… recuero mi viaje. Hace unos días, camino a la oficina, un borracho me preguntó por una after. Quería ser yo el que no tuviera que ir a la oficina.

Te mando estos papeles… el viaje lo vas recreando conforme avanzas con estos papeles. No deberían de tener sentido alguno, pero si te empeñas y quieres encontrarlo, alguno podrías darle… no sé, para de leer, de sueños, para de leer de muerte, para de leer de… El viaje llegó a su fin.

No te preocupes, no eres tú, ni nadie… soy yo. O más bien, son todos y todo. O, tal vez no soy yo –porque ahora mismo me importa una mierda lo que pase conmigo– sino tú, buscando una salida.

Con cariño, Humberto (me canso de escribir, desde ahora H.)

Adrían L. Alexander, un poco preocupado, sin saber qué pasa con H.~