Una ciudad de escritores

«A cualquiera que no sepa nada de Irlanda sorprende el valor que los irlandeses dan a la palabra escrita. La importancia de los textos escritos en sus dos idiomas (el inglés y el gaélico) la cantidad de bibliotecas, museos relacionados con la literatura y la veneración por las obras escritas por sus autores.» Un viaje por una ciudad de escritores, de Pedro Alcoba.

 

Fragmento de Ulysses en el puente O'Connell, Dublin

Fragmento de Ulysses en el puente O’Connell, Dublin

A CUALQUIERA QUE  no sepa nada de Irlanda sorprende el valor que los irlandeses dan a la palabra escrita. La importancia de los textos escritos en sus dos idiomas (el inglés y el gaélico) la cantidad de bibliotecas, museos relacionados con la literatura y la veneración por las obras escritas por sus autores. Por eso no es raro que en una isla con una población de apenas cuatro millones y medio de habitantes haya un buen número de escritores conocidos internacionalmente y cuatro premios nobel (entre ellos el recientemente fallecido Seamus Heaney [1]). Eso sin contar el gigante vanguardista James Joyce, que revolucionó la literatura en el siglo XX y construyó sus novelas y cuentos sobre la topografía de Dublín [2].

Gracias a sus escritores, no sería difícil trazar un itinerario de la ciudad basándose exclusivamente en las referencias literarias de la misma. Sabemos que Joyce dijo que, si desapareciera, se podría recrear Dublín a partir de su Ulysses [3] y  aunque es posible que no se llegara a tanto, sí es cierto que los escritores están presentes en cada calle y cada plaza. Junto con los héroes de la independencia de Irlanda, los literatos son los que más monumentos y homenajes tienen en la capital irlandesa. Si hubiera que empezar en algún sitio, este hipotético itinerario partiría sin duda de los edificios centenarios de Trinity Collage. Fundada en  1592 por la reina Elisabeth como la respuesta irlandesa a Oxford, esta universidad ha tenido entre sus estudiantes a primeras figuras como  Oscar Wilde, Samuel Becket, Bram Stocker, Jonathan Swift y Oliver Goldsmith, poeta cuya estatua se erige en la entrada de la Universidad. Joyce dedicó a este edificio las siguientes líneas en una novela grande:

La masa gris del edificio de Trinity Collage al a izquierda, incrustada pesadamente en medio de la ignorancia de la ciudad como una piedra mate en una sortija maciza. Aquella masa le deprimía y, tratando de huir de ella por libertar sus pies de las cadenas de la conciencia reformada, fue a dar con la estatua ridícula del poeta nacional de Irlanda [4].

Leyendo sus obras, conocemos la capital irlandesa, pero no es ni mucho menos el único texto de Joyce que ridiculiza uno de los símbolos de la cultura irlandesa. Joyce no deconstruyó únicamente los cimientos de la literatura, hizo lo mismo con la identidad irlandesa e incluso con su ciudad natal. Los cuentos de Dublineses oscilan entre el reflejo de lo sórdido, lo patético y la vulgaridad mundana. Podrá gustar más o menos su estilo, pero el reflejo de la ciudad, sus calles y plazas, su gente y sus costumbres, es preciso como el bisturí de un cirujano. Si hubiera que continuar nuestro recorrido callejearíamos alrededor del Trinity Collage o Grafton Street (arteria comercial de la ciudad)  hasta llegar a St. Stephen’s Green, parque en torno al cual ambienta Joyce su cuento Dos galanes  y que contiene un busto del propio escritor. Enfilaríamos luego nuestros pasos, tras un breve desvío por Merrion Square, – donde se halla por cierto una estatua de Oscar Wilde- hacia O’Connel Bridge, principal puente de la ciudad que la separa geométricamente en dos mitades; y nos encontraríamos a nuestro paso con pequeñas placas con textos del Ulysses que, ancladas al pavimento, recorren la ciudad mostrando uno u otro pasaje

Si nos fijamos, los espacios para la cultura literaria tienen algo de lugares de culto. Como ya hemos visto, no es posible pasear por el centro de la ciudad sin toparse en uno u otro punto con recuerdos, textos, efigies de escritores. Y esto es porque los irlandeses gustan mucho de los libros [5]. Ya sea por su carácter hablador y dialogante o por la importancia dada al patrimonio cultural de los textos históricos (impresiona la Long Room de la biblioteca del Trinity College), existen pocas capitales del mundo en que las bibliotecas tengan casi el mismo protagonismo que los lugares religiosos El interés en algunos textos va más allá de lo cultural en algunos casos. En el libro de Kells (texto con tipografía céltica de principios del siglo IX que contiene los cuatro evangelios) se aúnan la vertiente cultural y la religiosa  A lo literario que tiene como hemos dicho un elemento casi religioso hay que sumar que en los lugares religiosos podemos encontrar algo literario. Saliendo del núcleo de la ciudad, aglutinado en torno a O’Connell Street hacia el oeste, llegamos a los dos principales templos (esta vez sí religiosos) de la ciudad: Christ Church Cathedral y Saint Patrick Cathedral. Y en esta última, una vez más el mausoleo de Jonathan Swift, que fue decano de la Catedral; y junto a su tumba sus escritos. Y justo al lado de Saint Patrick está como hemos dicho la Biblioteca Marsh (una de las más antiguas de Europa), donde se encuentran por pleno derecho primeras ediciones de las obras de Jonathan Swift junto a innumerables volúmenes de una época pasada

Adentrándonos al norte del río Liffey, dirigiéndonos a una calle de casas adosadas georgianas (las famosas terraces [6]) nos encontraremos reproducida la casa original de James Joyce (el James Joyce Centre) , con numerosas ediciones de sus obras y un poco más al norte está  el destino final de quien visita Dublín tras las huellas de uno o varios de sus escritores favoritos: el llamado Writer´s Museum.

Ir hacia las afueras de la ciudad, saliendo por fin de ese ambiente nocturno y animado de los pubs del Temple Bar, si se ha seguido el rastro de alguna de las gaviotas errantes que se puede encontrar en sus aceras, supone para el viajero llegar a uno de los puertos cercanos a Dublín: Dun Laoghaire [7]. Y siguiendo el camino conocido como «The Metals» (porque sigue la ruta original de las vías de acero del tren) desembocará en una de las quince torres defensivas que se erigieron entre Dublín y Bray en 1804 como defensa contra Napoléon. Y es allí donde los irlandeses han decidido culminar su homenaje a su más internacional escritor ascendiendo desde la costa en zigzag

A la James Joyce Tower se la llama así porque en ella pasó Joyce tan sólo… ¡una semana! Y allí está perfectamente reproducida la ambientación de la escena inicial del Ulysses inspirada en aquella visita. El contraste entre el interior oscuro y desgastado de la estancia, al que se llega a través de una angosta escalera que continúa hasta  lo alto de la torre y la inmensa y luminosa vista que nos ofrece desde allí la costa y el océano, es comparable a ascender desde el duermevela de una pesadilla al amanecer de un día luminoso. Si el tiempo acompaña, podremos ver el contorno de la costa este de la isla llamada Éire por los celtas; y comprenderemos quizá por qué sus habitantes tuvieron tanto anhelo de comunicarse con el exterior, que construyeron algunos de los mejores textos de la literatura universal con la fuerza de la palabra.~
Referencias:
[1] http://www.elmundo.es/elmundo/2013/08/30/cultura/1377859338.html
[2] Giacomo Joyce es el único texto del escritor que no se sitúa en Dublín sino en Trieste: http://www.revistadeletras.net/escritos-breves-de-james-joyce/
[3] MERCANTON, Jacques. “James Joyce”, en JOYCE, James: Ulises. Buenos Aires, Santiago Rueda Editor, 1972, pág 9.
[4] JOYCE, James: Retrato del artista adolescente. Madrid, Alianza, 2007, pág. 206
[5] El texto de C.S. Lewis en que describe uno de los tesoros de una de las casas en que vivió  de niño es muy revelador de este interés del irlandés medio:
(…) libros en el despacho, libros en el comedor, libros en el cuarto de baño, libros (en dos filas) en la gran estantería del rellano, libros en un dormitorio, libros apilados en columnas que llegaban a la altura de mi hombro en el recinto del depósito de agua del ático, libros de todo tipo que reflejaban cada etapa pasajera de los intereses de mis padres, libros legibles e ilegible, libros apropiados para un niño y libros en absoluto aconsejables
LEWIS, C.S.: Cautivado por la alegría. Ed. Encuentro, Madrid, 1989, pág 18.
[6] Casas con varias plantas que comparten sus paredes laterales con la casa contigua. Se denominan “georgianas” porque esta arquitectura se adopta en los reinado de los reyes “Georges” (1720 a 1840).
[7] Se ha dicho con acierto que Dublín es una ciudad en la que más que estar presente el mar se intuye: http://vozed.org/2007/10/olvidando-el-mar/