Podio al fútbol belga | día 31

Los tesoros reales rusos están guardados en la Armería, dentro del Kremlin. Hay que armarse de una paciencia china para conseguir verlos, las colas, porque hay que hacer dos, son largas y lentas. Vale la pena. Entre un baño de oro y piedras preciosas se esconden la corona de Monómaco, con la que se coronaba a los zares rusos, y los huevos de Fabergé, unas preciosuras que se intercambiaban el zar y la zarina para Pascua.

Esta tarde se juega en San Petersburgo el partido por el tercer puesto. El partido que nadie quiere jugar. El partido que Argentina jamás ha jugado, ya que ha ganado las cuatro semifinales a las que ha llegado. Pero no es lo mismo ser tercero y estar en el podio mundialista, que quedarse cuarto, y menos para Bélgica e Inglaterra, que están poco acostumbrados a estas posiciones.

Recuerdo aquel partido que perdió Bélgica en el Mundial ’86 y que les costó quedar en el cuarto lugar. Era un niño y mis amigos preferían seguir el picadito en la plaza a mirar la tele. Me conformaba sabiendo que no jugaban ni Platini ni Giresse, esa era la importancia que le daba Francia al partido. Aun así, lo ganaron en el alargue.

Por eso hoy Bélgica tiene que tomarse la revancha contra Inglaterra, e ir a buscar ese tercer puesto que la historia ya le negó una vez. Por eso pone lo mejor que tiene, contra una Inglaterra con muchos suplentes. Por eso no tarda ni cinco minutos Lukaku en volver a hacer de lanzador, para despistar más a los defensas inglesas, despistados ya de cuna, y lanzar a Chadli por la izquierda. El centro al punto penal se encuentra con las ganas acumuladas de Thomas Meunier, que se ha perdido la semifinal, y que entra con todo para convertir el primer gol del partido.

Es tiempo de ver jugar a Hazard, que intenta el gol del Mundial, el que lo convierta en el mejor jugador. Es tiempo de ver a De Bruyne, que tanto pasa como tira, para que Pickford tenga que meter una mano. Es tiempo de ver lo bien que trata Witsel a la pelota. Inglaterra aburre a propios y extraños, el único que entiende algo, Sterling, se la coloca a Kane para que vuelva a errar y a poner en duda sus virtudes. Todo está dado para que un contraataque belga termine con el partido.

Los cambios ingleses no cambian nada. Cuando recibe Eric Dier en el medio empiezan a pitarle, reacciona avanzando, la pasa y se la devuelven, la pasa y se la vuelven a devolver, se encuentra solo frente a Courtois y se la pica por arriba, pero aparece el bueno de Toby Alderweireld para hacer un despeje fantástico sobre la línea. Un cabezazo del mismo Dier y otro de Maguire será lo último que veamos de esta mediocre Inglaterra.

Bélgica elabora un contraataque maravilloso. Taco de Hazard, taco de De Bruyne, cambio de frente de Mertens, y volea de Meunier que ataja Jordan Pickford. El mejor jugador del partido se llama Kevin De Bruyne, en medio de una legión de lentos volantes ingleses que lo miran, le pone una asistencia deliciosa a Eden Hazard que se planta solo frente a Pickford. Aunque hoy haya jugado solo para él, clase le sobra, mira para la derecha, define abajo, al primer palo, es el gol de Hazard, es el 2 a 0 que vale el tercer puesto, el podio para el fútbol belga.

Cuando termina el partido, se abrazan Roberto Martínez y Thierry Henry, los arquitectos de este fútbol que ha brillado en el Mundial, probablemente como ningún otro. Las cámaras se quedan con Hazard, el talento. Hoy Courtois no tuvo trabajo, porque Vincent Kompany, que ha llegado tarde al torneo, cerró una y otra vez. Bélgica consigue el tercer puesto por primera vez en su historia, le han sobrado méritos.

 

Andrés Margolles

Moscú, 14-07-2018