Argentina, la capital del fútbol | Blog VozEd

Por un accidente geográfico (me enamoré de un jujeño), terminé cambiando mi residencia de México a Argentina (me casé con el jujeño en cuestión), y les guste o no, si el fútbol tiene alguna capital, esa es Argentina. Debo aclarar que yo jamás fui, soy, ni seré aficionada al fútbol, y tampoco creo, que Borges me perdone, que todos los fanáticos sean idiotas: le tengo mucha fe a la inmensa capacidad humana para la idiotez, sin importar raza, credo, preferencias sexuales ni nada. Lo que quizá me molesta un poco es el fervor fanático de algunos que profesan el fútbol como una religión de segunda mano, o a veces también como una segunda patria que los convoca, no nada más cada cuatro años que hay una Copa del Mundo, sino casi cada semana, cuando su equipo se disputa un partido en la cancha local. México es un país futbolero, pero el nivel de fanatismo que yo he visto en Argentina no se compara con nada. Quizá lo más cercano sean las hinchadas regiomontanas, que pese los descalabros de Tigres y Rayados siguen portando con gran orgullo la camiseta y haciendo un proverbial desmadre en Monterrey cada que se enfrentan uno contra el otro.

"Argentina's fans gather around the Obelisk after Argentina lost to Germany in their 2014 World Cup final soccer match in Brazil, at a public square viewing area in Buenos Aires"

“Argentina’s fans gather around the Obelisk after Argentina lost to Germany in their 2014 World Cup final soccer match in Brazil, at a public square viewing area in Buenos Aires”

Debo aclarar además que, siendo novios, yo le pregunté a Rubén si era fanático del fútbol. En retrospectiva, creo que me vi muy inocente siquiera en preguntar, porque el prejuicio contra los argentinos incluye el ser futboleros (la fama mundial de Maradona, con todo lo que implica, no es gratuita), y no hay que olvidar que los prejuicios nos sirven, a veces, para conocer sobre las cosas de antemano. Pese a ello, pregunté y en ese momento él me dijo que la verdad no era muy futbolero, que de repente le gustaba ver algún partido, pero que no era tan fanático. Al poco tiempo de casados, al percibir mi reclamo por su gran interés en el fútbol, me dice que mi pregunta llegó en un momento inoportuno porque River acababa de irse a la B y a quién le iba a gustar el fútbol así.

*Risas grabadas*

Este preámbulo me sirve para contar por qué creo que Argentina es la capital del fútbol y para tratar de explicarles cómo se ve todo este asunto de Brasil 2014 desde la inexperta, asombrada y en cierto modo virgen mirada de una mexicana casada con un argentino que se siente DT de cuanto partido mira en la televisión.

En Argentina, el fútbol es un asunto tan serio, que incluso hay una política de estado al respecto. La iniciativa “Fútbol para Todos”, como la entiendo, tiene al gobierno comprometido con la transmisión de todos los partidos de primera, segunda, y no sé si hasta tercera, división, por la televisión pública. ¿Sí dije televisión pública? Sí, lo dije: eso quiere decir que todos los partidos importantes, inclusive el programa con más rating en todo el país que es el clásico Boca-River, no terminan siendo un gran negocio para unos pocos. Que cualquiera pueda mirar en su casa casi cualquier partido, significa que puede convertirlo en un motivo para estar en familia, cerca de los hijos, en un momento en el que en todo el mundo hay una discusión sobre la “pérdida de valores familiares”. Acá no la hay, por cierto, no será sólo por el fútbol pero en algo habrá de contribuir. Ahí los sociólogos que se hagan bolas con eso.

Por todos lados en donde he estado, aunque en realidad todavía no conozco ni la mitad de este gran país, hay canchas de fútbol. No sólo están ahí: hay chicos y chicas en ellas, jugando. No sólo hay chicos y chicas: hay gente mayor jugando fútbol. Pareciera que juegan todo el tiempo, desde los más chiquitos hasta los más viejos, y es como si nacieran sabiendo qué hacer cuando tienen una pelota entre los pies. Es impresionante. En un momento en que la gran preocupación en muchas partes del mundo es la obesidad y todas las enfermedades derivadas de ella, en Argentina la gente juega al fútbol, sale, se mueve y anota, no hay que convencerles a través de campañas costosísimas de que hagan ejercicio. Aunque el fútbol para ellos, quizá, no es ejercicio: es fútbol. Hasta mi sedentario marido juega, de vez en cuando.

Todos hablan de fútbol. Parecerá una exageración (exagerar es, también, deporte nacional, pero no voy a detenerme en eso ahora), pero desde que empezó el mundial, no hay un programa, sea noticioso, de concursos, de chismes, de espectáculos, de lo que sea, que no hable de Sabella, de la selección, de Messi, de Mascherano. Si de por sí es tema de conversación de todos y de cualquiera, en temporada de la Copa del Mundo ha sido casi espeluznante ver que se escucha de fútbol todo el tiempo. No saben las veces que tuve que escuchar: “¿De dónde sos? ¿De México? ¡Uuuuuh, la habrás sufrido ayer contra Holanda!”, y eso que no interactúo con mucha gente a lo largo del día.

Todos los chamacos, y hasta los perros, andan con la camiseta albiceleste con el 10. Y para que no haya duda, va una anécdota más: yo estaba en la calle el día del partido contra Bélgica, justo hacia el final del partido. Les juro que no había nadie en la calle, ni perros callejeros, ni aves volando, nada. Sólo se escuchaba al fondo el murmullo de los comentaristas de fútbol. Estaba todo tan callado, quieto y solo, que pensé que podría robar un banco, y justo a la mitad del pensamiento, me interrumpió el grito de gol, pero era un sólo grito de gol que venía de todas las casas y de todo Jujuy y de toda Argentina, que así pasó a cuartos de final.

Argentina es la capital del fútbol. No lo inventaron ellos, pero sólo ellos lo viven, lo sufren, lo sueñan, lo disfrutan y lo anhelan. Como dije, es un fanatismo que jamás voy a compartir, ni siquiera por mi marido futbolero, aunque creo que lo entiendo tantito, sobre todo cuando vi a Rubén con los ojos llenos de lágrimas cuando por fin, después de no sé cuántos años, Argentina llegaba a la final. Y hasta siento inmerecido ese segundo lugar, porque la selección argentina, como dicen acá, no eran 23: eran 40 millones que se merecían más que nadie ganar.~