80P1VM/40: Hombres de la selva

#post_80P1VM/40 de 80 en 1 vuelta al mundo, de Humberto Bedolla

 

ERA IMPOSIBLE NO sentir que somos iguales. Teníamos la vista levantada a la mitad del árbol, donde un orangután macho se mostraba tranquilo.

–Wow.
Arancha y yo nos miramos rápidamente solo para confirmar que había valido la pena ir a Borneo.
–Orangután significa “hombre de la selva”, en malayo.
–No me extraña, somos iguales. ¿Has visto las manos, los ojos…?

La aventura de ver en libertad a los orangutanes es un viaje que marca, te afecta a tu humanidad. Verlos y comprobar que somos iguales marcó la forma en que percibo qué es humano. De movimientos graciosos, por aquello de arrastrar las manos mientras caminan un poco como tambaleándose, causan ternura. Al menos hasta que un macho muestra que ese es su territorio, y aún así no puedo evitar sonreír. Me remueven sentimientos que no tengo hacia los animales, siento empatía, no sólo simpatía. Ver a una madre sujetar del brazo a un pequeño orangután para que no se acerque a un jabalí no es solo protección sino, por la forma, …humano. No es mera protección, el gesto transmite enseñanza, confianza, cariño.

Mucho más ágiles son saltando de árbol a árbol, subiendo y bajando por las copas hasta el suelo mientras los troncos flexibles se doblan hasta donde ellos quieren; comen decenas de plátanos en minutos. Luego, en la plataforma, nos miran a los visitantes de reojo, pero con la misma curiosidad con que nosotros los miramos a ellos. Y vuelven a saltar a los árboles; los más pequeños saben que deben sujetarse a su madre, y se van al interior de la jungla. Lejos, por las copas. Estamos en medio de la jungla. En el mundo entero solo hay orangutanes en Borneo y Sumatra. Llegar a Camp Leakey, el primer campamento creado para recuperarlos y reintegrarlos a la vida salvaje es sencillo: de un avión saltas a un taxi, luego a un barco y luego caminas un kilómetro por un sendero perfectamente transitable. Llegas a una plataforma donde los que se están recuperando o no son completamente autónomos reciben comida. De ellos depende si se acercan a comer o no. Siempre les dan lo mismo, plátano, para que se aburran y busquen su propia comida. Y mientras los veo comer e irse sé que no puedo ir tras ellos, no sólo porque el camino fácil se acabó, más allá de la plataforma solo selva, sino porque en ella, en la selva, no te necesitan, estorbas. Hasta que me entero que la selva está siendo arrasada por las plantaciones de palma, ¡el aceite barato de toda la comida industrial! Entonces me preocupo por los hombres de la selva. Vuelvo por el sendero hasta el barco, donde pasaré tres días buscándolos, y agradezco que haya habido un primer contacto.~